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 Hace pocos días, el científico en jefe de Quebec, Remi Quirión, en un evento de la Cámara de Comercio Metropolitana de Quebec, en compañía de la Ministra de Enseñanza Superior, Danielle McCann, dijo algo especial: solo la visión científica, objetiva y abierta, otorga a una sociedad el acceso a la enorme gama de interacciones, propuestas, ideas y soluciones que necesita para trabajar adecuadamente a favor de su sociedad.

 En esa misma sesión se subrayó el interés de Quebec por ser un líder en la generación de ciencia en francés. Eso significa promover la diversidad dentro de un trabajo de desarrollo científico sobre bases de equidad, inclusión, ciencia de todos y para todos.

 Es claro que las políticas públicas que no realizan una revisión cualitativa y cuantitativa de sus procesos con base en la ciencia tienen una alta probabilidad de fracasar.

 No es gratuito que el presidente Biden de Estados Unidos en su discurso inaugural y al momento de subrayar los valores que deben caracterizar su gobierno haya destacado a “la verdad” como esencial.

 Me quiero concentrar en cómo se vive ese factor de relación con la ciencia en el México actual. Ante todo quiero que quede el mensaje de que México valora fuertemente la ciencia y al mismo tiempo —como decía— busca que sea una ciencia inclusiva, que tome en cuenta todas las vertientes de desarrollo científico (incluidas las que provienen de nuestros pueblos originales, de un ambientalismo crítico y de valorar grupos minoritarios). Y busca especialmente que la ciencia sirva a todos sus habitantes de manera equitativa. No es una tarea fácil por las restricciones en capacidad de inversión en el sector que tenemos.

 Estoy participando en este seminario en el momento mismo en que se inicia en el Congreso Mexicano un debate sobre una nueva ley en México que pasará, de ser nuestra actual “ley de ciencia”, a una “ley de humanidades, ciencia, tecnología e innovación”.

 Este proyecto en plena discusión tiene como objetivo preservar una fuerte participación del sector público en el desarrollo científico, lograr que la ciencia en un país en vías de desarrollo que tiene recursos reducidos se centre en atender prioritariamente los problemas más graves, que sea más eficiente, que evite subordinación a los intereses en ciencia y tecnología de otros países y corporaciones trasnacionales, y que incluya a los estados, comunidades y grupos más pobres, así como a las comunidades autóctonas, a fin de generar equidad.

 Ahora bien, el tema de sustentabilidad ecológica es el principal en esta relación. Se explica cuando pensamos que México es un país que tiene la posición número 5 en materia de biodiversidad y si contamos diversidad de ecosistemas pasa a la posición 3 mundial.

Con el 1.3% de la superficie total de La Tierra emergida del agua, México tiene el 12% de la biodiversidad total del planeta y, más aún, se trata de biodiversidad endémica, es decir, que no existe en otro lugar.

 Aproximadamente el 57% de las especies de reptiles, el 50% de plantas y el 32% de los mamíferos son de este tipo: si desaparecieran de México, lo harían también del planeta.

 Por ello puedo decir que esa vinculación entre ciencia y políticas públicas tiene su acento en la preservación (que implica un conocimiento adecuado) de lo que somos en biodiversidad. El tema de cambio climático y sus consecuencias en desastres naturales es una materia indispensable en nuestro desarrollo. Por ejemplo, el Sistema Federal de Áreas Naturales Protegidas (ANP), reserva y estudia 91 millones de hectáreas de México, el 33% del territorio terrestre y marino nacional y tiene un claro componente científico.

 Quisiéramos hacer más porque los desafíos son enormes, pero, de momento, marco la vocación ambientalista de la relación ciencia-gobierno en mi país.

 Las otras tres prioridades que debemos destacar aquí son:

 La prioridad científico-alimentaria. La subrayo por lo que significa nuestra biodiversidad en relación con nuestra alimentación. Por ello mi país es un activo promotor de sistemas de preservación de su maíz nativo: existen fuertes leyes al respecto para trabajar en torno a la producción, comercialización, consumo y diversidad del maíz nativo y su importancia cultural (esto irradia otras plantas y alimentos). Nuestras leyes hablan mucho de “agroecología”, “agroecosistemas”, “conocimiento tradicional”, “patrimonio biocultural” y “prácticas agroecológicas”.

 Solamente la preservación del maíz nativo en todas sus variantes implica una obligación del Estado para garantizar el acceso a una alimentación nutritiva, suficiente y de calidad, debido a nuestras tradiciones y a su genuino aprovechamiento, cuidando el tema de los organismos genéticamente modificados (OGM) y con leyes fuertes contra el glifosato.

 Subrayo también la prioridad científico-energética: siendo un país que económicamente ha dependido de su sector petrolero, la investigación en la materia nos es esencial.

 Y la prioridad de servicios de salud: siendo un país con una población superior a los 120 millones de personas con problemas de muchos años en materia de desarrollo socioeconómico, la oferta de servicios medios amplios, suficientes, preventivos y gratuitos resulta igualmente prioritaria:

 México se distingue históricamente por sus programas encaminados a la vacunación preventiva. Somos buenos vacunando y esto se ha vuelto más apremiante que nunca en este momento, con la pandemia:

 Por ello nos vinculamos a cinco procesos de generación de vacunas con pruebas que están avanzando en México (Pfizer, CanSino, Sputnik V, Curevac, que cuenta con la participación del Sistema de Salud de la universidad mexicana, el Tecnológico de Monterrey, y Janssen (para contar con 20 millones de vacunas en primeros meses del año, así como un apartado superior a los 140 millones de dosis).

 México es el primer país de América Latina que inició con fuerza un proceso de vacunación contra Covid19. A esto se suma, la forma en que, en colaboración con Argentina, nos vinculamos con AstraZeneca de Oxford para lograr la producción in-situ, en laboratorios argentinos y mexicanos de su vacuna en forma masiva para distribución en América Latina.

 México ha sido el propulsor más destacado de un posicionamiento internacional en el G20 y en ONU asegure acceso mundial, sin exclusiones, de la vacuna, la resolución 74/274 que fue impulsada por México en abril pasado recibió uno de los apoyos más grandes en la historia de ese organismo.

 Otros temas que empiezan a ser prioritarios en la vinculación ciencia-gobierno en mi país son curiosamente el tema de genoma humano, con una perspectiva ética, y el tema de inteligencia artificial. México es parte activa de la Alianza Global sobre la Inteligencia Artificial (AGIA) que busca su uso responsable y centrado en los seres humanos con base en la Recomendación de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) sobre la IA.

 Y algo que seguramente dará gusto escuchar aquí es que Canadá es miembro y que uno de sus dos Centros de Expertos de esta alianza es justamente el de Montreal (the International Centre of Expertise in Montreal for the Advancement of Artificial Intelligence) con Youshua Bengio a la cabeza.

 Cierro expresando un punto final: El Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología de México en pleno proceso de reconformación para incorporar mayores capacidades en temas como humanidades, tecnología e innovación, toma mucho el ejemplo multidisciplinario y multifacético de otras naciones en todo el mundo (entiende la importancia de otras vías alternativas de impulsar desarrollo científico).  Tiene ahora un mayor contenido social que, a fin de cuentas, responde con mayor precisión a la pregunta: ¿ciencia para qué?

 Y en México tenemos claro que la ciencia es una vía directa para ofrecer soluciones, sobre principios éticos, epistemológicos y democráticos, que den pie a una sociedad más desarrollada, más igualitaria y mejor para la vida positiva de los mexicanos.